¡Oh por favor!
No te culpes por arrebatos de engendros
la calle esta muy fría y tus manos congeladas
tu traje gris es inmune al humo del cigarrillo
y tus labios están unidos por una leve capa de hielo.
Nos sentamos en una nube, cruce las piernas,
esperando que tus ojos se encontraran con los míos
para danzar amarrados a una cancioncita
suelta, traviesa y quizás un poco molesta.
Sin embargo, eso no sucedió
y me quede esperanzada con el cigarro en los labios
y el corset poco afirmado rogándole al cielo
un espacio de ti en mi.
Pero aquel adiós pronunciado por los celos que poseyeron mis labios
te hirió profundamente y yo solo quería el perdón.
No te levantes querido mio, alcance a pronunciar antes de que avanzaras por la calle,
camino a la perdición y al abandono, pero pareció que no me escuchaste
en una maniobra irrepetible, estabas de pie mirando al horizonte invisible
me levante y sollozando te dije: "contigo fui y contigo iré, no quiero dejarte solo
es tan grande el amor y tan dolora la espera de ti".
Pero no escuchaste, y caminabas, sin rumbo andabas
y entre lágrimas, corrí detrás de ti
los tacones dolían y me torturaban
hasta que la luna apareció en mi osadía
permitiéndome ver tus ojos
que ya no brillaban y comprendí
que no eras tú, eras un espejismo inventando en mi soledad
eras un fantasma
y te grite, tan fuerte que tu cuerpo de vidrio comenzo a trizarse,
grite tan fuerte que tus oídos explotaron
y la sangre no era más que el aroma al encierro
que provoque en ti.
Desgarrada te abrace
arrodillada, no te vayas -suplique-
y estabas tan muerto, tan putrefacto
que no podías entender, responder
no eras tú. Te amo tanto -volví a insistir-
y no comprendias mi lenguaje
esperanzada te bese, solo conseguí romper mis labios
y sangrar, pero te necesité tanto que no importo
estabas inmóvil, seguí contemplándote
y entre en un cólera, te golpee tan fuerte
que solo rompí mis manos y como si nada abriste la boca,
vomitaste todos nuestros momentos
cada uno de ellos, por lo que quedo de tus oídos
salio un vapor con nuestros aromas
y te perdiste, te convertiste en luciérnagas
quede sola, perdida, con muchas lágrimas
que luchaban entre ellas por liberarse
mis brazos se partieron solos
y por fin entendí -a tu alivio-
que eres un pasado
porque me desechaste de tu vida
cómo un niño desecha un juguete al crecer.
domingo, 31 de agosto de 2008
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