Como cualquier otro día
desperté de buena gana y acepte
más de mi dosis de rutina, sin quejarme,
acostumbrada, sin ni siquiera PENSAR en opacarme.
Cegué mis ojos con una venda de ilusión
creyendo -siempre creyendo- inocentemente jugueteando
en mi memoria, moribunda en la realidad.
Observe atentamente mi círculo
y me pareció tan dañino el aire que recorría mi
malgastado y herido cuerpo, admití cuanto anhelo
salir de aquí, escuchar voces envolventes y
sentirme en mi hogar, un dulce castillo de travesuras
crueles, pero sutiles. Un lugar donde gritar sea solo un lenguaje
de la angustia, donde la locura no sea una aberración
más bien, una opción de vida admitida con orgullo,
orgullo que los siglos jamás nos supieron entregar
y ante esto, solo hemos estado escondidos, en las sombras de las sonrisas
esperando, cantando, rasguñando. Queriendo sacar nuestras máscaras
asfixiantes de nuestro rostro sin poder lograrlo.
Entendí que no soy la única atrapada en miradas piadosas -venenosas-
comprendí que debo mirar más allá del pasto y las rocas
debo juguetear con los perfumes y encontrarlos
a esos fantasmas esperados, por muchos largos años.
Recordé tu rostro y el odio volvió a invadirme
el espejo reafirmo mi duda, el tiempo malgasta los pulmones
y yo renuncie a tiempo valioso creyendo en ti
imaginandote parte de donde pertenezco
y sin embargo, tarde supe darme cuenta que no era así
cerré los ojos -y olvide- que el pasado se pierde,
resbala como agua por los dedos y el presente -disfrazado de futuro-
es muy frágil.
Desee tanto tiempo, sentirme en armonía
y olvide completamente que sentarme a mi suerte
no me conduciría a ningún lugar.
El alma vuelve a mi cuerpo, mientras
I still love you, suena y se transforma en
cicatrices en mi mente.
Recordándome como respirar, enseñándome a avanzar
exigiendome... no rendirme de nuevo.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario